Constelación Vulpecula

Vulpecula es pequeña, tiene estrellas flojas y casi nadie sabría dibujarla. Y sin embargo en este trozo discreto de cielo ocurrieron dos de los descubrimientos más importantes de la astronomía: aquí se encontró la primera nebulosa planetaria de la historia y, dos siglos después, el primer púlsar.
La zorra que se comió al ganso 🦊🪿
Empecemos por el nombre, porque tiene gracia. Cuando Johannes Hevelius creó esta constelación en 1687, no la llamó Vulpecula a secas sino Vulpecula cum Ansere: «la zorrita con el ganso». En sus mapas aparecía un zorro llevando un ganso en la boca.
Con el paso de los siglos, los cartógrafos fueron simplificando y el ganso desapareció del nombre. Quedó solo la zorra. Pero el ave no se perdió del todo: la estrella principal de la constelación se sigue llamando Anser, que en latín significa precisamente «ganso». Es lo único que queda de él.
Hevelius, que era un hombre práctico, explicó que había puesto ahí un zorro porque es un animal astuto y voraz, y esa zona del cielo estaba cerca del Águila y del Cisne. Nada de mitología: le pareció que pegaba.
M27, la primera nebulosa planetaria de la historia 💫
En julio de 1764, Charles Messier estaba catalogando objetos difusos del cielo —precisamente para no confundirlos con cometas, que era lo que él buscaba de verdad— cuando se topó con algo que no había visto nunca: una mancha ovalada, con forma de reloj de arena, en la constelación de la Zorra.
La anotó como el objeto número 27 de su catálogo. Sin saberlo, acababa de descubrir la primera nebulosa planetaria conocida.
Hoy la llamamos Nebulosa Dumbbell, «la Pesa», por su forma. Es el cadáver de una estrella parecida al Sol que, al agotar su combustible, expulsó sus capas exteriores al espacio. Ese gas se ilumina por la radiación del núcleo desnudo que ha quedado en el centro, una enana blanca extraordinariamente caliente.
El nombre «nebulosa planetaria» es, por cierto, un error histórico que se quedó: no tienen nada que ver con los planetas. Se lo puso William Herschel porque a través de sus telescopios se veían como discos verdosos, parecidos a Urano.
M27 está a unos 1.360 años luz y es de las más brillantes de su clase. Con unos prismáticos ya se intuye; con un telescopio pequeño se ve claramente la forma de pesa. Es uno de los mejores objetivos del verano.

El primer púlsar: cuando se pensó que eran extraterrestres 📡
Esto ocurrió en 1967 y es una de las mejores historias de la astronomía del siglo XX.
Jocelyn Bell Burnell, entonces estudiante de doctorado en Cambridge, revisaba kilómetros de papel continuo con los registros de un radiotelescopio cuando detectó una señal rarísima: un pulso de radio que se repetía con una precisión de reloj, cada 1,337 segundos, siempre desde el mismo punto del cielo.
Nada natural conocido latía con esa regularidad. Durante unas semanas se manejó medio en serio medio en broma la hipótesis de que fuera una señal artificial, y la fuente recibió el nombre provisional de LGM-1, por Little Green Men: hombrecillos verdes.
No lo eran. Era una estrella de neutrones en rotación: el núcleo ultradenso que queda tras una supernova, girando a toda velocidad y barriendo el espacio con un haz de radiación, como un faro. Hoy la conocemos como PSR B1919+21, y está en Vulpecula.
El descubrimiento abrió un campo entero de la astrofísica. El Nobel de Física de 1974 se concedió por él… a su director de tesis, no a ella. Es uno de los casos más citados de reconocimiento negado a una mujer en la historia de la ciencia. Bell Burnell siempre lo encajó con elegancia, y en 2018 recibió el Premio Especial Breakthrough, dotado con tres millones de dólares, que donó íntegramente a becas para estudiantes de física de grupos infrarrepresentados.
La Percha: el asterismo que no engaña a nadie 🧥
Hay un tercer objeto que merece la pena, y es puro disfrute visual: el Cúmulo de Brocchi, conocido universalmente como La Percha.
Son diez estrellas que forman, con un realismo casi absurdo, una percha de ropa: una barra recta de seis estrellas y un gancho de cuatro saliendo hacia arriba. No hay que imaginarse nada. Es una percha.
Con prismáticos desde un cielo oscuro es uno de los objetos más divertidos del verano, y de los que mejor funcionan para enseñar el cielo a alguien que empieza: no requiere fe.
Durante años se discutió si era un cúmulo real o una coincidencia de perspectiva. Hoy se sabe que es lo segundo: las estrellas están a distancias muy distintas y no tienen nada que ver entre sí. Es un espejismo, pero uno precioso.
Cómo encontrarla 🧭
Vulpecula es una constelación de verano y está muy bien situada: cae dentro del Triángulo de Verano, alta en el cielo, lo cual compensa que sus estrellas sean débiles.
Búscala justo debajo de Cygnus, el Cisne, y encima de Sagitta, la Flecha. Es la franja de cielo entre Deneb y Altair.
Para M27 el truco clásico es partir de la Flecha: prolonga su punta hacia el norte unos pocos grados y te topas con la nebulosa.
Por qué me gusta Vulpecula 🌌
Me gusta el universo entero, y esta constelación me parece la mejor demostración de que no hay zonas aburridas del cielo, solo zonas que todavía no has mirado.
Un zorro inventado por un astrónomo polaco al que le pareció que ahí pegaba un zorro. Estrellas que no se ven desde ninguna ciudad. Y dentro: la primera nebulosa planetaria que vio un ser humano y la señal que durante unas semanas de 1967 hizo pensar a un grupo de científicos de Cambridge que alguien nos estaba llamando.
Con esto cerramos las 88 constelaciones oficiales. Y me parece bien que la última sea esta: pequeña, mal iluminada y con dos historias enormes dentro.
Constelaciones relacionadas
Constelación Vulpecula pertenece a la familia de Hércules. Si te ha interesado, estas comparten región del cielo o historia:
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Constelación Vulpecula puedes visitar los siguientes relacionados :

Deja una respuesta