Constelación Tauro

Hay constelaciones que se disfrutan con telescopio y otras que se disfrutan a simple vista. Tauro es de las segundas, y por un motivo poco habitual: contiene dos cúmulos de estrellas visibles sin ningún instrumento, algo que no puede decir casi ninguna otra región del cielo.
- Aldebarán, el ojo rojo que no es lo que parece 👁️
- Las Pléyades: el cúmulo que vieron todas las culturas 💎
- Las Híades: el cúmulo abierto más cercano 🔭
- La Nebulosa del Cangrejo: la estrella que estalló en 1054 💥
- Cómo encontrar Tauro 🌠
- El mito: Zeus, Europa y el toro blanco 🏛️
- Por qué me gusta Tauro 🌌
- Constelaciones relacionadas
Aldebarán, el ojo rojo que no es lo que parece 👁️
Aldebarán (α Tauri) es la estrella que marca el ojo del toro, y es imposible no verla: brilla con magnitud 0,85 y tiene un inconfundible tono anaranjado que la delata entre todas las de su alrededor.
Es una gigante naranja que ya ha agotado el hidrógeno de su núcleo y se ha hinchado hasta alcanzar unas 44 veces el diámetro del Sol. Está a unos 65 años luz de nosotros. Su nombre viene del árabe al-dabarān, «la que sigue», porque parece ir siempre persiguiendo al cúmulo de las Pléyades por el cielo.
Y aquí va el dato que sorprende a casi todo el mundo: Aldebarán no pertenece a las Híades, el cúmulo en forma de V sobre el que parece estar posada. Es un efecto de perspectiva. Las Híades están a unos 153 años luz, más del doble de lejos. Aldebarán simplemente se cruza en nuestra línea de visión, a mitad de camino.
Las Pléyades: el cúmulo que vieron todas las culturas 💎
Si hay un objeto del cielo profundo que merezca el título de universal, son las Pléyades (M45). Ese pequeño borrón de estrellas azuladas, apretadas, que mucha gente confunde con la Osa Menor por su forma de cazo diminuto.
Son un cúmulo abierto: más de mil estrellas nacidas del mismo colapso de gas hace apenas unos 100 millones de años —jovencísimas en términos astronómicos— situadas a unos 444 años luz. A simple vista se distinguen seis o siete, de ahí el nombre popular de «las Siete Hermanas». Con unos prismáticos corrientes saltan a decenas, y es una de las experiencias más agradecidas de la astronomía aficionada.
Lo extraordinario es cuánta gente las miró antes que nosotros. Aparecen en la mitología griega como las siete hijas de Atlas; los japoneses las llaman Subaru —sí, el logotipo de la marca de coches son las Pléyades—; para los maoríes de Nueva Zelanda marcan Matariki, el año nuevo; y los aborígenes australianos, los pueblos andinos y numerosas culturas nativas americanas les dedicaron relatos propios. Es posible que sea el objeto celeste sobre el que más se ha contado en la historia humana.
Una nota curiosa: en muchas tradiciones son siete hermanas, pero hoy solo se ven seis con facilidad. Hay quien especula con que una de ellas perdió brillo en los últimos milenios, lo que convertiría estos mitos en el testimonio más antiguo conservado de un cambio real en el cielo.

Las Híades: el cúmulo abierto más cercano 🔭
La V inclinada que forma la cara del toro, con Aldebarán en un extremo, son las Híades, y tienen su propio récord: son el cúmulo abierto más cercano a la Tierra, a unos 153 años luz.
Al ser tan próximas se ven muy extendidas, ocupando varios grados de cielo. Sus estrellas tienen unos 625 millones de años —viejas comparadas con las Pléyades— y su cercanía las convirtió en una pieza clave para calibrar la escala de distancias del universo.
En el mito eran las hermanas de las Pléyades, hijas también de Atlas, que lloraron desconsoladas la muerte de su hermano Hiante. Los griegos asociaban su salida al comienzo de la temporada de lluvias.
La Nebulosa del Cangrejo: la estrella que estalló en 1054 💥
En la punta del cuerno sur del toro, cerca de la estrella Zeta Tauri, hay un objeto que es, probablemente, el más documentado históricamente de todo el cielo profundo.
El 4 de julio del año 1054, astrónomos chinos registraron la aparición de una «estrella invitada» tan brillante que se veía a plena luz del día durante 23 días y permaneció visible de noche casi dos años. Astrónomos japoneses y árabes dejaron constancia del mismo suceso.
Lo que vieron fue una supernova: la muerte explosiva de una estrella masiva. Casi mil años después, lo que queda de aquella explosión es la Nebulosa del Cangrejo (M1), una maraña de filamentos de gas que sigue expandiéndose a unos 1.500 kilómetros por segundo.
Y en su centro late lo que quedó del núcleo estelar: el Púlsar del Cangrejo, una estrella de neutrones del tamaño de una ciudad que gira sobre sí misma treinta veces por segundo, barriendo el espacio con un haz de radiación como un faro. Toda la masa de una estrella comprimida en una esfera de veinte kilómetros.
Fue el primer objeto del catálogo de Messier, el número 1, y es uno de los pocos casos en que podemos poner fecha exacta a lo que estamos mirando.

Cómo encontrar Tauro 🌠
Tauro es una constelación de otoño e invierno: desde España se ve bien de noviembre a marzo, y alcanza su mejor momento en diciembre y enero, cuando pasa casi por encima de nuestras cabezas.
La ruta más sencilla parte de Orión, que es inconfundible. Localiza las tres estrellas del Cinturón y síguelas hacia arriba y a la derecha —hacia el noroeste—. Te encontrarás primero con la V de las Híades, con Aldebarán anaranjada en su extremo, y si sigues un poco más en la misma dirección, con el borrón azulado de las Pléyades.
Es, posiblemente, la secuencia más bonita que se puede recorrer a simple vista en el cielo de invierno.
El mito: Zeus, Europa y el toro blanco 🏛️
El relato griego cuenta que Zeus se enamoró de Europa, hija del rey de Tiro, y que para acercarse a ella sin asustarla adoptó la forma de un toro blanco de una mansedumbre extraordinaria.
Europa, que jugaba en la playa con sus doncellas, se fue confiando poco a poco: acarició al animal, lo coronó de flores y acabó subiéndose a su lomo. En ese momento el toro se lanzó al mar y nadó sin detenerse hasta Creta, donde Zeus recuperó su forma. De aquella unión nacería Minos, el rey del laberinto.
Al continente le quedó el nombre de ella. Y al cielo, la figura del toro, aunque solo parcialmente: en el dibujo clásico únicamente aparecen la cabeza y los cuartos delanteros, como si el animal emergiera del agua. Un detalle que encaja demasiado bien con el relato del cruce del mar.
Hay interpretaciones mucho más antiguas. En las cuevas de Lascaux, en Francia, hay una pintura de un uro de hace unos 17.000 años con un grupo de puntos sobre el lomo que algunos investigadores han querido identificar con las Pléyades. No hay consenso, pero la idea es difícil de quitarse de la cabeza.
Por qué me gusta Tauro 🌌
Las Pléyades son, para mí, la mejor demostración de que no hace falta un telescopio para que el cielo te impresione. Están ahí, a simple vista, y casi todo el mundo las ha visto alguna vez sin saber qué eran.
Pero lo que de verdad me fascina de Tauro es la Nebulosa del Cangrejo. Es una de las poquísimas cosas del cielo profundo a las que podemos ponerles fecha exacta: el 4 de julio de 1054. Alguien, a miles de kilómetros y mil años de distancia, vio esa luz aparecer de la nada y se tomó la molestia de anotarlo. Gracias a eso hoy sabemos qué estamos mirando.
Aquí voy subiendo todo lo que me gusta del universo, y esa cadena —una explosión, un escriba chino, un telescopio moderno— es exactamente el tipo de cosa que quiero contar.
Constelaciones relacionadas
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